
La contaminación atmosférica se ha apoderado de la mayoría de las ciudades del país. Santiago, Rancagua, Talca, Chillán, Concepción, Temuco, Osorno y Coyhaique, por nombrar algunas, sufren cada invierno con los altos índices de material particulado, originado en la combustión de leña húmeda, que dañan la salud de la población.
Las industrias –especialmente en la capital-, los camiones a diesel y en menor grado la leña, son los causantes de esta nube negra y ploma que cubre los hogares. En el caso del tercero, su aporte es mayor en las urbes del sur del país, donde es usada en estado húmedo, provocando que varias de ellas hayan sido declaradas zonas saturadas.
Pese a estos datos, la leña no es mala en sí misma: es su mala utilización la que provoca los problemas de contaminación.
La leña húmeda –sobre un 25%-, de un tamaño no adecuado, sumado a un mal uso del equipo de combustión o una estufa de precaria tecnología, son las razones fundamentales de la contaminación.
Es por eso que la leña certificada es un aporte para la descontaminación. De esta manera, se asegura que el porcentaje de humedad de la leña sea como máximo de 25%, reduciendo al mínimo las partículas contaminantes. Así, la polución podría reducirse, sólo cuidando la humedad, en un porcentaje aproximado al 50%.
Prefiera leña certificada y exija el sello del Sistema Nacional de Certificación de Leña, que le asegura origen, legalidad, información al consumidor y calidad.













Enviar un comentario nuevo